Los tipos duros también leen | «La subasta del lote 49», de Thomas Pynchon

Lee el adelanto completo de la entrada que se publica mañana en el blog de nuestro columnista

Me ocurre algo curioso con la literatura norteamericana. Al tratarse de una tradición relativamente joven, sus referentes también lo son; digamos, a grandes rasgos, que tiene menos siglos donde escoger. La novelística estadounidense nos ha dado un número extraordinario de autores y obras notables, eso es indiscutible; pero tampoco podemos olvidar que, durante el siglo XX, utilizó todo el poder de su formidable aparato cultural para proyectar sobre el mundo una determinada idea de literatura, de modernidad y de prestigio. Esto no implica menosprecio alguno, ni mucho menos: Melville, Faulkner, James, Fitzgerald, Pynchon o Morrison están ahí por derecho propio. Ahora bien, también conviene admitir que se nos ha dado la tabarra, desde universidades de élite, grandes editoriales, suplementos culturales y una crítica a menudo demasiado reverencial, con una nómina de obras maestras que no siempre resisten igual fuera del ecosistema que las consagró.

La literatura norteamericana ha sabido convertir su juventud en mito fundacional: donde otras literaturas tienen siglos, ruinas, imperios, lenguas superpuestas y tradición sedimentada, Estados Unidos ha levantado una épica de la novedad

A veces el lector siente cierta extrañeza ante algunas propuestas que se le presentan como rupturas absolutas y que, vistas desde otras tradiciones más antiguas, más estratificadas, más castigadas por la historia, quizá no pasan de ser libros inteligentes, valiosos, incluso brillantes, pero no necesariamente ese canon incontestable que se nos vende. La literatura norteamericana ha sabido convertir su juventud en mito fundacional: donde otras literaturas tienen siglos, ruinas, imperios, lenguas superpuestas y tradición sedimentada, Estados Unidos ha levantado una épica de la novedad —la ballena, el río, la frontera, la ciudad, el dinero, la culpa racial, el sueño americano, la paranoia—. Es una literatura formidable, sin duda, pero a veces su recepción mundial confunde dos fuerzas distintas: la potencia estética de sus mejores libros y la potencia industrial del país que los exporta.

[Léela completa mañana: aquí].

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio