Los tipos duros también leen | «La intriga del funeral inconveniente», de Eduardo Mendoza

Lee el adelanto completo de la entrada que se publica mañana en el blog de nuestro columnista

La vida ya tiene suficientes obligaciones como para imponerme también la de escribir en un blog, levantar una entrada, cumplir con los lectores, sentarme ante el ordenador cuando el verano pesa con su calor y su agobio vital para decidir sobre qué libro quiero hablar, qué aspecto de la vida merece ser compartido o, más sencillo todavía, cuál de las lecturas ya hechas debe salir al encuentro de vosotras. Lo sé, y, sin embargo, aquí estoy: con una parte de este post ya escrita, animándome en la penumbra obligada del despacho a mirar hacia fuera, hacia ese aire con calima, turbio, casi irreal, como también lo es a veces leer y compartir lo leído.

La vida tiene estas contradicciones maravillosas: aunque tienda a la molestia, al cansancio o a la resistencia, hay una forma de felicidad en dejar que las manos se deslicen libres por el teclado, que construyan palabras, pensamientos, pequeñas filosofías o teologías domésticas

La vida tiene estas contradicciones maravillosas: aunque tienda a la molestia, al cansancio o a la resistencia, hay una forma de felicidad en dejar que las manos se deslicen libres por el teclado, que construyan palabras, pensamientos, pequeñas filosofías o teologías domésticas que acabamos compartiendo entre todos. Hay algo hermoso en sentir que una idea llega, que uno intenta atraparla o que se le escapa, igual que los sueños cuando nos empeñamos demasiado en retenerlos. En cualquier caso, amigo, amiga, experimento un extraño placer al hacer estas pequeñas cosas. Me siento libre. ¡Qué contradicción!

[Léela completa mañana: aquí].

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