Lee el adelanto completo de la entrada que se publica este jueves en el blog de nuestro columnista
La violencia por la violencia se ha convertido en un elemento cotidiano en nuestras vidas. Los medios, las redes en general nos muestran una cantidad inusitada de actos que nos anclan a lo ancestral, a lo primitivo; es ahí cuando uno se pregunta si el afán civilizatorio ha quedado en segundo plano, si retrocedemos para encontrarnos ante la barbarie. Mi respuesta es que no. La violencia es consustancial al ser humano; somos muy violentos. Sin embargo, la civilización ha conseguido moderar y atemperar el ansia de destrucción hasta convertirnos en seres sociales más o menos domesticados, porque no os engañéis, somos seres domesticados.
La civilización ha conseguido moderar y atemperar el ansia de destrucción hasta convertirnos en seres sociales más o menos domesticados, porque no os engañéis, somos seres domesticados
La amplificación que los mass media hacen de la radicalidad del enfrentamiento no deja de ser un escaparate al que solo hemos podido acceder de una manera reciente. A lo largo de la historia, la violencia nos era ofrecida por las literaturas y, después, por el periodismo, pero era una ejemplificación parcial que se centraba en lo excepcional, en lo político o, más tarde, en lo escabroso. No podíamos decir que las sociedades anteriores a la modernidad fueran especialmente violentas; sabemos que había violencia. Mas, hoy en día, cualquier acto, cualquier agresión se convierte en algo cotidiano con lo que convivimos sin remedio y eso lleva, como he defendido en muchas ocasiones en este blog, a una trivialización insoportable, a una anestesia que atonta ante lo bárbaro.
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Primer columnista de Andén. Escritor, crítico literario, profesor de Lengua y Literatura españolas, de Sociología y Ciencias políticas. Enamorado de la lectura.