Libro: La señora Potter no es exactamente Santa Claus | «¿Todavía es posible hacer nuevas propuestas canónicas desde la imaginación literaria?»

La pregunta de por qué una obra es una novedad literaria suele formularse mal; son cosas de la costumbre. Se pide a la novela contemporánea que innove, pero a menudo se confunde la innovación con la rareza ornamental o con la renuncia al placer de leer. La señora Potter no es exactamente Santa Claus, de Laura Fernández, obliga a desplazar ese prejuicio y a abrir la mente a dimensiones   que nos pueden parecer extrañas. La obra demuestra que todavía es posible escribir una novela formalmente audaz sin entregar el relato al laboratorio frío de la experimentación autocomplaciente.

El post de partida de Los tipos duros también leen planteaba la cuestión decisiva: qué hace excepcional a una novela y cómo distinguir esa excepcionalidad entre la estructura, la inteligencia narrativa, la capacidad estética y la literaturidad. Desde esa tesis puede leerse la novela de Fernández como una respuesta práctica: no teoriza la excepcionalidad, la ejecuta de manera brillante.

El punto de partida argumental ya contiene una maquinaria de segundo grado. Kimberly Clark Weymouth, ciudad condenada a la nieve y al mal tiempo, vive de una novela infantil escrita por Louise Feldman, La señora Potter no es exactamente Santa Claus, cuyo éxito convirtió el lugar en destino turístico. Randal Peltzer abrió una tienda de recuerdos, y su hijo Billy hereda un negocio que es, en realidad, una cárcel simbólica: el pueblo depende de una ficción que lo explota, lo protege y lo inmoviliza. La sinopsis editorial insiste en esa pregunta: si Billy cierra la tienda y abandona el lugar, ¿puede el pueblo seguir siendo lo que era o debe transformarse? (Random House / Penguin, 2021). La cuestión es más profunda de lo que parece: qué ocurre cuando una comunidad queda atrapada por el relato que la explica.

Ahí aparece uno de los grandes aciertos de Fernández: la novela parece un cuento, pero actúa como una arquitectura compleja. Como señalaba el post inicial, su aire “Dahl” engaña: los capítulos funcionan como piezas casi autónomas, microcuentos integrados en un sistema mayor, y esa independencia aparente fortalece el conjunto. Lo infantil no simplifica; al contrario, sirve para desactivar la solemnidad y abrir un campo de operaciones donde caben el disparate, la crueldad, el melodrama, el misterio y la caricatura. Por eso no estamos ante una novela fantástica en sentido estricto, ni ante una alegoría cerrada, sino ante una maquinaria narrativa que utiliza el registro de fábula para pensar la identidad, la familia, la escritura y la libertad.

La crítica ha atendido con especial insistencia al lenguaje, porque ahí se juega buena parte de su novedad. Nadal Suau, en El Cultural, sostiene que Fernández se inventa un idioma propio: una lengua que procede de la lectura popular, de las traducciones ochenteras, de la narrativa norteamericana posmoderna y de Dickens, pero que no coincide con ninguna de esas fuentes (Suau, 2021). La afirmación es importante porque no reduce el estilo a rareza, sino que lo vincula al placer lector. Laura Fernández no escribe “raro” para excluir al lector; escribe desde una memoria cultural compartida, deformada y reinventada. La deformación no es el capricho febril de la autora, es su método.

Por eso no estamos ante una novela fantástica en sentido estricto, ni ante una alegoría cerrada, sino ante una maquinaria narrativa

Aloma Rodríguez, en Letras Libres, ha explicado con precisión ese trabajo de apropiación: el estilo parte de una contaminación consciente del lenguaje de las traducciones y lo retuerce mediante paréntesis, mayúsculas, interjecciones, onomatopeyas y rugosidades gráficas (Rodríguez, 2021). Esta observación confirma otra intuición de mi entrada en el blog de partida: Fernández no juega solo con la trama o los personajes, sino también con la gramática, la disposición gráfica y la energía visual de la página. Las mayúsculas, las cursivas y los signos de exclamación no son adornos; introducen en el texto una gestualidad que procede de la cultura audiovisual, del cómic, del doblaje y de la oralidad exagerada de la ficción popular.

En una entrevista en Librujula, la propia Fernández definía el lenguaje de la novela como un español ficticio, vinculado a traducciones anglosajonas, y relacionaba su escritura con la mezcla posmoderna de alta y baja cultura (Correia, 2022). Conviene subrayarlo: no se trata de una subordinación a la cultura pop, sino de una metabolización literaria de sus materiales. En la novela resuenan Roald Dahl, Stephen King, Terry Pratchett, el whodunit, las series televisivas, los pueblos de maqueta que evocan una Navidad enlatada de souvenir y el imaginario navideño retorcido, pero todo ello entra en una forma verbal que no se limita a citar. Fernández no acumula referencias para exhibirlas: las convierte en tono, ritmo y mundo.

La dimensión metaficcional es igualmente central. La novela de Laura Fernández se titula como la novela inventada de Louise Feldman, y esa duplicación desestabiliza cualquier relato único. Fundació Finestres destacó precisamente la “dimensión metaliteraria” de la obra y el modo en que la ficción aparece como instancia salvadora (Jurado del Premio Finestres, 2021). Esto conecta con la pregunta originaria que me hice cuando comenté la novela por primera vez sobre un posible nuevo paradigma. La señora Potter no propone una metaficción fría, de manual; la integra en la vida de personajes que desean escapar del papel que otros les han asignado. Billy no solo quiere cerrar una tienda: quiere dejar de ser personaje secundario de una narración ajena.

La novela está llena de escritores, periodistas, lectores, turistas literarios, detectives aficionados y comunidades que se observan. Ese tejido convierte la ficción en un ecosistema social. Diego Pereda, en Aceprensa, señalaba que las tramas de los personajes giran en torno a las expectativas familiares, la maternidad, el yo, el nosotros, la amistad y la relación entre literatura y vida (Pereda, 2022). La observación resulta útil porque evita leer el libro únicamente como artefacto extravagante y vacío. Su aparente incongruencia formal no impide la gravedad; la hace soportable. Bajo la nieve, la broma, los ceños parlantes y los nombres imposibles, aparece una melancolía reconocible: el miedo a no ser amado, el deseo de huir, la dificultad de inventarse otra vida.

También por eso la maternidad, la creación y la renuncia ocupan un lugar decisivo. La sinopsis de Finestres sitúa esos motivos junto al arte como refugio y la soledad del incomprendido (Fundació Finestres, 2021). Pero Fernández no los desarrolla en clave intimista convencional, sino a través de una expansión coral que convierte cada personaje en una posibilidad de relato. La novela no avanza como una línea, sino como una proliferación; no busca la limpieza minimalista, sino el exceso organizado. Su mérito técnico reside, precisamente, en que esa abundancia no se desmorona. Como decía el post inicial, consigue hacer sencillo algo muy complejo: ordenar el caos sin domesticarlo.

La recepción crítica y los premios confirman que esa apuesta fue comprendida como algo más que una ocurrencia brillante. La obra obtuvo el Premio El Ojo Crítico de Narrativa 2021, cuyo fallo la vinculó a una «prosa exquisita y llena de matices» (RTVE, 2021), y ganó el Premio Finestres de Narrativa en castellano. La agencia literaria de la autora recoge además el Premio Las Librerías Recomiendan de Ficción y el Kelvin 505 a la mejor novela original en castellano publicada por primera vez en España, así como su inclusión entre los libros del año de La Vanguardia, ABC y El Mundo (MB Agencia Literaria, 2021). No son datos decorativos: indican que una novela exigente pudo circular más allá del nicho experimental.

Consigue hacer sencillo algo muy complejo: ordenar el caos
sin domesticarlo

La cuestión final, entonces, no es si La señora Potter no es exactamente Santa Claus es “nueva” en términos absolutos. Ninguna obra nace de la nada. Su novedad consiste en combinar tradición del cuento, imaginación popular, posmodernidad, metaliteratura, comicidad, tristeza y una lengua inventada en una forma reconocible y, a la vez, imprevisible. Frente a la novela contemporánea que se conforma con reproducir la realidad o con convertir la autoficción en una administración del yo, Fernández levanta un artefacto que recuerda algo esencial: la literatura no solo representa mundos, también los fabrica. Por eso la respuesta a la pregunta del título debe ser afirmativa, aunque no ingenua. Sí, todavía es posible hacer nuevas propuestas en literatura, pero quizá no donde se las busca de manera programática o canónica. La innovación de Laura Fernández no procede de negar el placer narrativo, sino de llevarlo hasta sus últimas consecuencias. La señora Potter es una novela desmesurada, libre, técnicamente difícil y, al mismo tiempo, hospitalaria. Su rareza no expulsa; invita a entrar a un lector curioso. Tal vez ahí resida su valor: en demostrar que la literatura todavía puede ser un laboratorio de formas sin dejar de ser una fiesta de la imaginación.

Fuentes por si te surge un interés en saber qué, cómo y por qué:

1. Fernández, Laura. La señora Potter no es exactamente Santa Claus. Barcelona: Literatura Random House, 2021.

2. Los tipos duros también leen. “La señora Potter no es exactamente Santa Claus, Laura Fernández”. 19 de agosto de 2025. Enlace

3. Random House/Penguin Libros. Ficha editorial de La señora Potter no es exactamente Santa Claus. Enlace

4. Fundació Finestres. “La señora Potter no es exactamente Santa Claus”. Premio Finestres de Narrativa en Español 2021. Enlace

5. Suau, Nadal. “Laura Fernández y la reinvención del lenguaje”. El Cultural, 7 de diciembre de 2021. Enlace

6. Rodríguez, Aloma. “Laura Fernández es exactamente Laura Fernández”. Letras Libres, 10 de diciembre de 2021. Enlace

7. Pereda, Diego. “La señora Potter no es exactamente Santa Claus”. Aceprensa, 14 de marzo de 2022. Enlace

8. Correia, Gildenis. “Laura Fernández: Posmodernidad sobre la nieve”. Librujula, 22 de junio de 2022. Enlace

9. RTVE. “Laura Fernández, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2021”. El Ojo Crítico, 16 de diciembre de 2021. Enlace

10. MB Agencia Literaria. Ficha de La señora Potter no es exactamente Santa Claus. Enlace

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