Crítica: Poesía | «Instrucciones para ser un pájaro», de Felina C. Mandrágora

El primer poemario de Felina C. Mandrágora (Sara Cerón), publicado a finales de 2025, es una deconstrucción, el relato de un vuelo

Portada del poemario.

Víctor Ferrer | «No»

Con doce años, me senté al lado de una niña en clase que empezó a martillear la mesa con el resorte de un bolígrafo. Y clic, clic clic, clic clic clic. Al cabo de un rato, le dije:
—¿Puedes parar?
Y la chica de al lado dio una respuesta inesperada:
—No, no puedo.
Y siguió: clic clic, clic.

Era la persona que me cautivó con aquel «no» y que pasó a ser enseguida mi costilla izquierda durante una de las etapas más críticas en la formación de una persona: la adolescencia. Fuimos un dúo dinámico, estudiamos bastante, reivindicamos, nos reímos más, bailamos. Ella acuñó un nombre para mí que siempre me hizo gracia: «Victorferrer», con la fuerza en la última sílaba.

Una persona única (literalmente): la única persona de la que me costó creer que fuera eso, hija única, cuando le dije:
—¿Tú que eres, la mediana?
Y ella:
—No tengo hermanos.

Ahora ha echado a volar como un pájaro, con viento fresco, frente a aquel cernícalo de sus vecinos que tanta fama tuvo en su pueblo. Sara Cerón dijo —me dijo aquel día— «no puedo», pero Felina C. Mandrágora le escribe hoy al mundo: «no quiero». En la mano, su primer poemario, que llega con una advertencia en la portada: «segunda edición». Para mí sigue siendo, en cualquier lado, «Miamigasaracerón».

Irrupción en la estantería

Una vez termina la presentación del libro, una hora en la que Noelia Caballero —quien prologa el poemario— nos ha sacado unas risas a los asistentes con su humor y sus reflexiones críticas y en la que Sara Cerón ha recitado, ha interpretado algunas de sus creaciones con acompañamiento musical, nos juntamos unos cuantos en un corrillo. La poeta del vuelo nos comenta que, junto a la editora, acordó que el volumen se leyese en horizontal, para que los poemas tengan más libertad, amplitud, que no sientan la opresión de la verticalidad.

Remite de algún modo a la idea que Calasso, en Cómo ordenar una biblioteca, plasmó con claridad: los libros tienen vecinos, compañeros de estante que en ocasiones no esperabas abrir y son los que acabas tomando. ¿Con quiénes colindará Instrucciones? Depende de la historia de cada lector, pero hay algo seguro: en el estante donde esté, siempre romperá el orden, descuadrará la estética y sobresaldrá. Es un aviso: el vuelo de este pájaro no se contiene ni en la propia física.

El verso, un juego

«Dentro del hueco se escucha / la lágrima que rompe el espejo de agua; / dentro del hueco / se escucha un reproche / —no has llamado / blanco / blanco / blanco / ¡Silencio!», leemos en «Asomarse a la grieta II». Leído en el formato de la web de esta revista pierde completamente el sentido para el que fue concebido. Pero, si miran en el fragmento que tienen debajo, verán cómo se establece el juego: tres verso en blanco, tres blancos en verso.

Un fragmento de Instrucciones para ser un pájaro, de Felina C. Mandrágora.

Lo mismo sucede cuando el público mira atentamente a la poeta poner en escena sus Instrucciones: se permite parar, levantar el brazo, señalar hacia un lado, mover su cuerpo según sienta. En algún momento de la presentación, mira con emoción cómo un amigo toca el oboe. El verso, en cualquier caso, nunca está en blanco, porque las ideas de Felina llenan el poemario de reflexiones, de sensaciones.

Un claro manifiesto

Durante la lectura, me pregunto qué es lo que estoy leyendo. Sé que estamos dentro de un poemario, sé qué los moldes del género —literal y ampliamente— aprietan, pero la autora ha concebido su primer libro como una proclama: vuela, coño, parece decirle al lector, que escucha cómo su voz resuena página tras página.

Al terminar la presentación, Sara Cerón abraza a su gente. Nos sentamos un momento en una esquina del escenario y mientras me firma un ejemplar le comento que, en el turno de palabra, he estado a punto de levantar el brazo, pero he preferido guardármelo para nosotros. Como estamos en casa (en Andén), transcribo aproximadamente: «Es verdad que no somos los mismos, se ha visto con claridad, hemos evolucionado. Pero sí que te quiero decir algo que veo, un rasgo tuyo que no te abandona: siempre consigues que el resto nos planteemos cosas, nos remueves algo». Ahí también me abraza. Y tres vivas para cerrar. Viva la libertad (creativa). Viva Miamigasaracerón. Y viva Instrucciones, su primer poemario. Dudo que sea el último.

Jaume Tortosa | «Mirando un pájaro desde el Andén»

Me encuentro de paso por el Andén y veo parar los trenes. Los viajeros se desperezan y saludan por la ventanilla; unos vienen, otros marchan. Me identifico con el espíritu del que se arriesga, de quien, a pesar de la modorra, emprende el camino. No importa ese adónde; importa ese camino, la valentía de salir y andar hacia alguna parte, transitar. Es por eso por lo que, desde el Andén, se puede observar qué pasa, quién deambula y quién llega. El viaje, pues, es tan importante como la meta; de hecho, pienso que muchas veces no sabemos muy bien hacia dónde vamos, pero viajamos. Así, estos días, ha venido a visitarme un libro que vuela por el interior de sí mismo.

Instrucciones para ser un pájaro, hace precisamente eso, ir por entre las grietas y lugares del uno, mostrando al lector miedos, tristezas y veredas. No me propongo hacer una crítica al uso; quiero traer un libro y hablaros de mi viaje, del que, como espectador, se hace cada vez que leemos algo, una guía de lectura equivocada, como lo son todas, pero veraz, al fin, porque nuestra lectura no es la de la poetisa, es la del lector que hace lo que le da la gana con el libro. Es una tiranía que sustenta el privilegio de entender, o no.

Noelia Caballero, en su prólogo, presenta a la autora, un encuentro, su encuentro con ella en la Facultad de Filología de la Universidad de Valencia, lugar lúgubre, dice. Yo, sin embargo, recuerdo un lugar cutre, pero no es el mismo; el mío era viejuno, de otro tiempo, feo; no llegué a vivir el traslado al nuevo edificio. Pero desde esta estación que habito puedo evocar, no a la autora, Felina C. Mandrágora, ni siquiera a Sara Cerón, que me invade desde sus ojos en una foto de solapa amistosa. El prólogo, pues, establece una guía de lectura, con toda probabilidad, desde el conocimiento de la que hace. Pero no os puedo traer esto.

En el primer capítulo, una niña atrapada, como un feto, en el cordón umbilical de sus abrazos, La niña, que en Sembrar la memoria,
Se duerme sin pasado
La niñita
En la cueva.

Aparece la memoria que olvida o ejecuta lo evocado, o el recuerdo que desaparece, transitando en los versos con elegancia.

La niña, claro, en Cómo atarse los cordones, necesita fragmentar la forma y la cadencia,
Las niñas bonitas no se man
                                                  chan
                            no se mar
                                                 chan
porque el cordón es un cable que sujeta los pies, liga a lo que se espera.

Dice: no voy a darme la vuelta, y a mí me importa la cruel belleza de la introspección, la elegancia de querer ser. Ese dolor antiguo y extrañado de la memoria consigue que el lector sienta la intensidad de la búsqueda,
No quería ser gorda.
(ella siente que, de entre los huesos, se le clava en las lorzas el segundero)
Quería tener frío
                                                                                          Tic-tac, tic-tac, tic-tac
                                                                                              Gorda, gorda, gorda

La iniciación transita por el mundo, en Un incendio pequeño, que no lo es.

Siente un nudo en los pulmones porque
la carne, abierta y deshilachada, le ha enredado las costillas hacia dentro.

Ese peso que siente pasa y abstrae de lo real, se expresa con una inteligencia que abruma, porque Asomarse a la grieta (I), no es fácil.

La niña, ciega y cansada, intenta inútilmente separar los párpados.

El libro contiene unas magníficas ilustraciones de Sara Cerón, en el capítulo 2, La sombra, aparece la mancha con vida, para dar paso a No sé quién soy (ni nadie, tampoco nos engañemos), cuando nos desdoblamos en lo otro, en el otro, el camino de crecer es una alucinación sin manual de instrucciones.

No sé quién soy: soy quien tú quieras.

La autora, en su camino, vuelve a Asomarse a la grieta (II), por donde entra la inseguridad. Toman fuerza las imágenes que encogen el ánimo,
Dentro del hueco,
se desarma la luz,
sucede
la terrible caída desde la nada hacia el centro
pero el suelo me recoge como un abrazo.

Tic-tac, Contar hasta tres. La identidad en los otros apegada al constructo del yo desde lo ajeno como dolor, a través de la prosa porque, mantengo una tesis alocada, es un libro narrativo.

Soy un buffet libre: 15€ bebida incluida come hasta que reviente, (…)

Hay ocasiones en que la retórica de las preguntas esconde el silencio de las respuestas, porque Cómo cerrar una puerta no es algo sencillo, ni cierra ni aísla siempre como se podría esperar.

¿Reconocerá la caña su reflejo
cuando se mira en la charca?

Hay honradez en lo que dice, en la descripción del EGO que somete a lo humano. El toque psicoanalítico que destripa sin miramientos es un ejercicio de humildad del que se apropia la poeta.

—Te quiero, Sombra.
Y ella me responde:
—Yo también te quiero, Niña.

En el dibujo del Capítulo 3, la casa del revés (todas nuestras casas deberían estarlo en algún momento), con tiritas; se mueve en la dirección con que la impulsan los pies. Una casa consiste en Habitarse.  La respuesta al camino, a la búsqueda, si la hay, viene desde la afirmación rotunda, aferrada al desapego, pero todavía con la lengua que impone el constructo de las reglas, de lo social. Casa, identidad.

La casita de mis sueños
es la casa que yo soy.

Esa voluntad de ser, presente en el poemario, viene desde el abismo desconocido que la configuración del yo hace, a veces, imposible. Si volviera a nacer. En la escritura se impone el viaje iniciático hacia ese yo, hacia, insisto, el desapego del EGO (sombra que opaca la vista), y lo hace con la violencia de la desnudez, con una obscenidad que desarropa al lenguaje para mostrarnos el progreso. Golpea, sí, pero sana.

Cuando yo vuelva a nacer,
mamá,
dame mi Nombre y dime:
—Vuela.

Así, los senderos siguen apareciendo, los pasos que da, el progreso argumental de deconstrucción hacia el ser, porque No tengo patrias, o al menos, no quiere tenerlas.

Se reescriben continuamente las tierras en las que germino.

En un viaje debería haber un tren, a pesar de sus retrasos, de su traqueteo. Pero soy quien mira a la viajera desde la posición alucinada del Andén. Viaje en tren. La veo desnuda. Su alma va iluminándote; más bien va iluminándose a sí misma. Vas entrando, sabiéndolo, consciente de la identificación con sus sentidos; pero la invadimos con nuestra visión (es su pago por editar), la violento con mis palabras. Oigo el grito; me permite seguir atento a la revolución. Gozamos sin más, de ella, con sus palabras. El encabalgamiento potencia el poema, rectifica la linealidad de la lectura, su narrativa, claro. Me gusta. Me gusta mucho.

Forzar las ventanas. Estirar con fuerza
hasta que revienten los goznes y broten
un millón de flores, que entre
el aire.
Respirar. Ser respirada.

Al fin, Mi casa vuelve a ser mi casa. Llega a alguna parte. La escritura nos lo dice con su forma, con su cadencia, con su calma, de una manera tan sencilla que se te abre el corazón.

a pesar de todo,
poder decir que sí y poder decir que no
y coger una mano para soltarla. Y estar bien.

Un pájaro sobre una manzana con una ventana que recuerda la jaula, El pájaro, capítulo 4. Desde lo que fue otro va llegando a lo uno en una Receta tradicional para remendarse unas alas a la manera en que lo hacía mi abuela. Es una paradoja que explica a la perfección cuando el amor siendo en lo otro cambia al ser en una. Lo dice transitando, es así, por los caminos que han sido (y son).

No volveremos a amar entre cristales,
perforaremos el río,
encontraremos las fuentes,
se desbordará el acuífero
y bajaremos, planeando, a calmar la sed.

Ya llega el pájaro, como en un sueño adolescente de libertad en que se habita el cielo y se siente el aire, la ausencia de paredes. Inteligente el formato, el decálogo instructivo, Instrucciones para ser un pájaro, nos apela, se apela a sí, para ser, para despegarse de los cordones como cables, del amor sin amor, de ser en el otro.

No acallarás tu pico
contra las aristas de esta jaula dorada
que con tanta ternura te ofrecen,

La voz se alza firme, vuela y llega a donde sea, pero sin duda, al templo que somos,

Y tienes el sexo lleno de flores,
de geranios y azahares
y del eco de los dedos que fueron
y de los que no fueron.

Y así, veo el tren que sigue su camino; yo, bueno, el lector sigue habitando el Andén.

Instrucciones para ser un pájaro, de Felina C. Mandrágora (2025). Ed. La Consentida; págs: 84; ISBN: 9788410212466.

Le sugerimos que adquiera el libro en comercios locales. Pida un ejemplar en su librería, en su barrio, y esperamos que disfrute de la lectura.

Sara Cerón, profesora, poeta, publicó un artículo en la primera edición de la revista: ¿Acabaremos la ciudad antes de que ella acabe con nosotras? Puede leerlo en la web o a través de la suscripción gratuita en papel, que recibirá en su domicilio.

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