No cuesta imaginar lo que le pidió el cuerpo a Aimar Bretos —desde hoy, el director del programa más influyente de la radio en España— cuando, en un despacho de la Cadena SER, cruza la puerta y se sienta con los oficiales en jefe. Y le dicen: «tienes que coger tú el Hoy por Hoy». Me lo figuro con una sonrisilla que no se puede fingir y diciendo: «uy, uy», «uy, vamos a ver». Y un silencio breve para pensar en el cambio que va a dar tu vida si, cuando vuelvas a salir del despacho, lo haces tras haber dicho que sí a lo que te están encargando, que es lo que tú ya sabes que va a suceder pero no te atreves a afirmar todavía. Tiene que pasar un cuarto de hora más o menos, ese tiempo con el que podrás justificar que no fue una inconsciencia: «estuvimos hablando un rato, media hora, y he dicho que sí», puedes contar luego. En ese momento te vienen las menudencias, que siempre son las esenciales: «me tendré que acostar a una hora que no me apetece, pero comeré en casa tranquilo», «podré ir al gimnasio a principios de la tarde, con lo despejado que estaba por la mañana», «el viernes podré estar desde el principio en el tardeo [con tu gente]», y otras cuestiones de intendencia.
El periodista, ya veterano en esa casa, comentaba ayer en El País que el hecho de conducir el programa más escuchado le obliga a ser lo más rupturista e innovador posible, sobre todo, para lograr que el tramo matinal de la radio se alinee con el sentir —ay, los sentires— del oyente a esa hora. Y en eso ya ha dado un paso: al conectar esta mañana a las 6 con Hoy por Hoy, la sintonía del programa no era ese vendaval al que estábamos acostumbrados todos estos años, sino que el nuevo equipo ha apostado por una cabecera mucho más suave y acorde a la hora. En el paso de 6 a 7 a.m. ya ha subido un poco de tono. Una buena declaración de intenciones: una melodía que se va adaptando cada hora al ritmo de la mayoría del público. Además, un acierto el fichaje de Sara Canals, que hará de segunda de a bordo, pues se ve en ella una profesional con criterio, ese criterio que da haber cubierto, entre otros, tantos cambios en Estados Unidos. Pasarán los 100 días que merece un equipo antes de realizar una crítica formada, pero en los primeros 100 minutos todo ha sonado ilusionante.
No cuesta imaginar, decíamos, lo que le pidió el cuerpo al nuevo dire: una playa en una isla griega, vermú rojo, un libro, buena compañía y nada de lo que preocuparse. Sin embargo, estaba en el despacho de la SER con los comandantes esperando a que dijese algo, y aceptó. Una bobería lo de hay trenes que solo pasan una vez en la vida; seguro que se le podría haber vuelto a presentar uno similar, pero él ha decidido coger este. Todos esperamos honestidad crítica y rigor por su parte. Por la mía, prometo escucharle de camino al trabajo, en el paso de las 6 a las 7 a.m. subido en mi coche blanco, ya viejito este último, con la ilusión de que el motor siga dando frutos y no disgustos. Ha comenzado el curso y «la era ‘Aimar’»: ánimo a todos, sobre todo, al periodista que ha dado un paso al frente.
Redactor jefe de Andén.