Opinión | «Momentum» electoral

Hay días en los que uno se levanta y sabe que un examen no va a salir bien. No hace muchos años que algunos estábamos todavía siendo sometidos a prueba por insignes catedráticos y recuerdo con nitidez una mañana en la que supe que no iba a salir airoso, y así fue: a los pocos días, recibí la noticia del esperado suspenso. No fue negatividad, no fue falta de optimismo, era un sentir —otra vez con los sentires—. De la misma forma sucede cuando uno sabe en el primer segundo de la mañana que se está poniendo malo: es difícil no ver venir que a uno le va a acabar subiendo la fiebre a 37.7º, otra cosa es que uno escoja ponerse el mejor vaquero y lanzarse a la agenda que le espera por delante. A la vuelta, una vez cruce el umbral de la puerta de su casa, sabrá que ha ganado un día pero, indefectiblemente, en cuestión de veinte minutos va a estar con la manta, con dolor de garganta y diciéndose: «pues no me encuentro bien». Lo mismo sucede cuando, en mesa con amigos, a uno se le ocurre decir que hoy no va a comer mucho, y rápidamente salta tu amiga y te espeta: «ahora cuando saquen las tapas hablamos». Y claro que comes. Y así en tantas situaciones en las que nos hacemos pequeñas trampas, humanas; son pequeños juegos de la mente que hay que aceptar con toda la deportividad.

Lo que nadie puede negar a esta hora de la mañana es que a este país se le está poniendo cara de elecciones generales desde que se han levantado hoy políticos, periodistas y dignos manifestantes en la Puerta del Sol. Lo estamos percibiendo. Los diputados de Junts, con PP y Vox de la mano, van a tumbar previsiblemente los dos decretos sobre la vivienda que el Gobierno ha conseguido publicar en el BOE tras días de negociación frenética. Escenificados los dos bloques, el presidente del Gobierno y su entorno han comenzado a lanzar hoy el que podría ser el lema de la campaña: «ha llegado la hora de la verdad», se escucha antes de la votación que se producirá a partir de las 11. Frente a una ultraderecha que amenaza con prohibir todo lo que se le antoje y convertir este país en un estado inane, la izquierda tiene una oportunidad de intentar revertir las amenazas que hace tiempo que dejaron de ser cantos de sirena. Ha llegado (o está llegando), pues, el «momentum» electoral. Otra cosa es que nos pongamos el vaquero, nos echemos la colonia y decidamos mirar hacia otro lado, pero no olvidemos que, antes o después, habrá que cruzar la puerta de casa y, sentados en el sofá, llegarán las valoraciones. A votar, si Pedro quiere.

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