Cómo pasar un finde en Seúl

Cuando uno prepara un viaje a un destino lejano, tiene en mente poder disfrutar del lugar, al menos, una semana. Además, estos viajes se suelen planificar con mucha antelación para prevenir los precios desorbitados de los vuelos o que se agoten los mejores alojamientos. En los trayectos a estos lugares, el viajero tendrá que estar trajinando casi veinticuatro horas antes de llegar a su destino, por lo que al comentar el plan de viaje se puede escuchar: «claro, si es que, ya que vas…». No fue mi caso. Al comentar mi plan de viaje, lo que se me dijo fue: «¡tú estás loca!»

Esta es mi guía de cómo planear un solo fin de semana en una ciudad a diez mil kilómetros de distancia.

¿Qué se necesita?

1. Una web de planificación de viajes: que esto quede entre la web y usted.

2. Un presupuesto de 1500€ (euro arriba, euro abajo).

3. Ansiolíticos o su pódcast de confianza.

4. Mucha suerte.

Fase 1: Planificación

El objetivo que tenía en el otoño de 2018 era claro: aprovechar el puente de Todos los Santos y llegar a trabajar el lunes a las cuatro de la tarde. Y cuando digo «aprovechar», no me refiero a visitar Albarracín (por muy bonito que sea). El destino que tenía en mente era la capital de Corea del Sur: Seúl.

Para mis vuelos de ida a Seúl consideré opciones varias, una salida directa desde Barcelona el miércoles día 31 de octubre por la noche, día laborable, o una salida con escala en Moscú pronto por la mañana del mismo día 1 de noviembre, Día de Todos los Santos. Por aquello de aprovechar más el fin de semana decidí, ya que estaba, no perderme la fiesta de Halloween: ¡hombre, faltaría más! Además, que el vuelo costaba menos de 400€, lo que ahora resulta impensable.

Mi segundo objetivo era encontrar un alojamiento con las tres bes: bueno, bonito, barato. El alojamiento que elegí tenía 1 estrella y media en la web de reservas, pero a mí me pareció perfecto. Achaqué la puntuación a los estándares coreanos, pero para mí, fue una de mis suertes.

El viaje a Seúl tenía un único objetivo: disfrutar de un concierto de mi grupo preferido en la cuna del K-pop

A estas alturas, aún no les he contado el porqué de la prisa ni el porqué del viaje. El último paso, (aunque cronológicamente fuera el primero), eran mis entradas. El viaje a Seúl tenía un único objetivo: disfrutar de un concierto de mi grupo preferido en la cuna del K-pop. Para conseguir estas entradas también necesité la suerte porque el ADSL de una gran operadora de este país no me iba a ayudar mucho. Como persona que disfruta yendo a conciertos, mi enemigo mortal siempre ha sido «El Internet». Para esta venta de entradas no iba a arriesgarme, así que decidí irme a una zona con buena conexión de fibra óptica. No crean ustedes que estas entradas las puede conseguir cualquiera. Para acceder a la venta, uno debía ser miembro del club de fans que en aquel entonces consistía en un pago de alrededor de 30€ más los infames gastos de envío y que otorgaba un privilegiado carné de fan. Una vez confirmado el estado de fan, se tenía que solicitar acceso a la preventa del concierto, después, recibir una confirmación y, finalmente, acudir el día y la hora adecuados. Como cualquier trámite administrativo, vaya.

En la imagen, el Parque olímpico de Seúl

Llegó pues el temido el día de la venta: quería conseguir entradas para los dos días del concierto: sábado 3 y domingo 4 de noviembre, pero nadie me podía ayudar porque solo yo había decidido por voluntad propia someterme a aquella odisea que significaba convertirse en fan oficial.

Las entradas salieron el 28 de septiembre, poco más de un mes antes del evento. Entré a la cola de la venta de entradas más puntual que para ir al SEPE y… ¡premio! Conseguí una entrada para el sábado en grada baja, pero lamentablemente no encontré entradas para el domingo. Yo estaba contenta porque tenía una entrada, pero entonces se anunció mi ruina (monetariamente hablando): Cada día habría actuaciones diferentes. Yo no podía perderme ninguna, así que entré en una página de reventa de entradas y pagué el triple de lo que me había costado la entrada del sábado por una entrada similar para el domingo.

Entendí que la persona que me vendió la entrada iba a necesitar un domicilio coreano para enviarla y yo solo tenía que un código postal que empezaba por 46 en Valencia, Spain

¿El problema? Las entradas eran en formato físico y, para las compradoras coreanas, las enviaban a sus domicilios. Con la ayuda del loro de Papago, traductor de coreano más fiable, entendí que la persona que me vendió la entrada iba a necesitar un domicilio coreano para enviarla y yo solo tenía que un código postal que empezaba por 46 en Valencia, Spain. Casi sin pensarlo escribí a mi alojamiento y les comenté mi situación y que llegaría una carta para mí y recordé el Padrenuestro que tantas veces había escuchado durante mi infancia.

Finalmente, tenía que planificar la vuelta. Debía estar en mi puesto de trabajo a las cuatro por lo que tenía que llegar como muy tarde el lunes por la mañana para tener tiempo de llegar a casa del aeropuerto. El planeta tiene la particularidad de no quedarse quieto y eso me vino de perlas ya que iba a ganar horas yendo hacia atrás. Este vuelo seleccionado, hacía escala en París y se preveía la llegada alrededor de mediodía del día 5 de noviembre, lunes. Pero salía pasada la medianoche del domingo al lunes en Seúl. ¡Y yo con un concierto en el centro de la ciudad!

Fase 2: Ejecución

El viaje empezó tranquilo y el aeropuerto de Moscú resultó ser un aglomerado centro comercial con estética brutalista un tanto fascinante. En las horas de escala a mi vuelo a Seúl pensé en todos los peores escenarios posibles mientras me comía un bocadillo de tortilla que llevaba de casa.

Ya en el vuelo a Seúl, el Airbus no era lo único por las nubes y mi ansiedad no me dejaba dormir. Hacía poco, había salido el disco ‘mono.’ de RM que me acompañó durante todo el viaje y el que, aun hoy, me provoca calma y ansiedad a partes iguales.

Este es Pepe

Aterricé en Seúl un viernes por la tarde y me dio la bienvenida un robot al que cariñosamente apodé Pepe. Pepe indicaba la salida y se ponía en medio de tu paso solo para después mostrar en su pantalla «oye, estás en medio», todo en coreano. Con la ayuda de Pepe, que sabía más idiomas que un miembro de la ONU, cogí el metro, me compré mi rúter portátil para tener conexión durante el viaje y llegué a mi parada unas dos horas después.

Ya me había planificado que tendría que hacer unos recados antes de irme a la cama. Dice «recados» una mujer que quería gastarse sus estrenas en artículos de colección. Espero que no se hayan olvidado de que mi entrada del domingo debía haber llegado al hostal.

Subí las dos plantas con mi maleta y la recepcionista, sonriente, me hizo el check-in y sacó mi entrada y me la ofreció con las dos manos y agachando la cabeza, muy coreano por su parte. Con lágrimas en los ojos las cogí y se lo agradecí tanto que creo que debió pensar que dentro había oro, (para mí, así era).

Así era la entrada

Los días de concierto fueron excelentes. Hice amigas coreanas con las que intercambié photocards (tarjetas con fotos de los miembros del grupo), paseé por los alrededores del estadio y probé la comida de las típicas tiendas de conveniencia coreanas. Como nota, en estos súpers venden huevos ya cocidos que no valen para hacerse la tortilla, recomiendo sacar el Google lens antes de pasar por caja. También destacable, deben fijarse en si el bollicao clásico lleva pasta de judías rojas en vez de chocolate. Hay cosas difíciles en esta vida, pero estar en un país extranjero y querer desayunar lo más parecido a un bollo de chocolate y encontrarte las judías… no se lo deseo a nadie.

Llegó el domingo, día del check-out, último concierto y mi vuelta a España.

Salí con mi maleta hacia el recinto y el primer reto lo superé con facilidad: conseguí dejar mi maleta en la consigna del estadio. El segundo reto era llegar al aeropuerto a tiempo para el vuelo: 00:55 y con tiempo para facturar. El concierto iba a empezar a las 5 de la tarde y yo tenía alrededor de dos horas hasta el aeropuerto. No me salían las cuentas, así que decidí salir antes de los bises finales para evitar también las aglomeraciones.

Al llegar al aeropuerto sobre las 10 de la noche me puse ropa cómoda, cené e incluso hice unboxing de todo lo que me había comprado, ya que no había tenido ni tiempo para abrirlo.

La última gota de ansiedad la ofrecía el transbordo. En principio, el vuelo iba en hora, pero no sabía si en París se retrasaría. Y otra vez la suerte hizo que llegara a mi destino perfectamente. 4 días después de haberme ido.

Salí de mi casa a las 15:50, como todos los días, y, al llegar al trabajo, mi jefa me preguntó, «oye, Elena, ¿qué tal el finde?».

Y contesté: tranquilito.

En el estadio, con su picket de Jeonghan y su lightstick

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