Hubo hace poco un debate sobre si The Bear, la serie de cinco temporadas disponible en Disney+ y protagonizada por Jeremy Allen White y Ayo Edebiri, era un drama o una comedia. Una disputa interesante y, al mismo tiempo, difícil de entender porque, como la vida misma, esta popular serie tiene momentos traumáticos que motivan la acción y, sin embargo, sus personajes eligen continuar viviendo. De ahí que sean los tintes cómicos los que, en buena medida, les permitan hacerlo. El ecosistema de la vida privada de los Berzatto, la familia protagonista, podría asemejarse a una olla a presión a punto de explotar, y encuentra su perfecto reflejo en la cocina, precisamente cuando Carmen Berzatto, el desdichado Carmy, decide continuar con el negocio que su malogrado hermano había iniciado.
La fuerza dramática de esta obra —de nuevo, drama o comedia— encuentra también su sentido en los personajes que habitan alrededor de la familia Berzatto. En el local sobre el que gira toda la trama conocemos a una serie de personas que inspiran a Carmy, le ayudan, le guían, le afean algunas de sus conductas y le llevan a tomar algunas decisiones acertadas. Cobra aquí especial importancia Sydney Adamu, alguien que irrumpe en la serie como una aprendiz, pero que rápidamente descubrimos llena de matices, de una entidad propia que la convertirá en una protagonista en mayúsculas. Ella es capaz de ver más allá, incluso en los momentos en los que la tensión corta el ambiente de una manera insoportable. Con su capacidad para decir las palabras correctas, es realmente quien consigue darle un vuelco a la historia y, por ende, a los designios de los Berzatto. Difícil tarea.
Como ya se ha dicho en tantos lugares, al grupo del oso hay que llegar llorado de casa y, si es posible, mejor en un momento de baja ansiedad en la vida. La realidad de las voces que aquí escuchamos remueve, interpela y no deja escapatoria: esta serie no evade de los problemas ni de los traumas, sino que los pone delante, como un espejo, para que los saludes y así, capítulo a capítulo, los enfrentes. El nerviosismo latente encuentra su origen en Michael, que desde el otro lado parece seguir contagiándola a todos sus hermanos y, en consecuencia, también a los espectadores. Cuando uno llega al capítulo «Fishes», lo entiende todo y, sin embargo, todavía tendrá por delante tres temporadas para seguir ahondando en este mundo que vale tanto la pena. Si ellos han perdido el miedo, cualquiera puede hacerlo. En un mundo de luces y también de alguna oscuridad, The Bear sería un punto luminoso, pese a que la sombra de Michael es alargada. El final es la mejor muestra de ello.
Redactor jefe de Andén.