
Aída y vuelta: No cabía otra
Era difícil. Pudo no haber sucedido, pero ha pasado: Paco León ha resuelto con solvencia una historia que no tenía mucha más escapatoria
01 mar 2026 – 00:00 CET
Uno llega al cine, se sienta en la fila 11 —bastante centrado, casi en medio de la sala— y se acuerda de aquellos domingos cuando, bandeja en mano, se sentaba en el sofá de la casa familiar a cenar y a ver Aída. Era un rato amenísimo, como el final de una travesía en barco en el que, desde la barandilla, observas ya el destino con claridad. Era, en el sentido literal, el final de la semana. Era, también, una prueba: si los chistes de Fidel, Colmenero o Chema te hacían plenamente gracia, eso implicaba que estabas convencido de que te sabías el examen del día siguiente y sin remordimientos porque habías terminado las redacciones de Inglés por la tarde.
Una palomita, otra, un tráiler, otro. Miro, desde esa fila central, el ambiente en la sala. Me da la sensación de que todos esperamos volver a aquel sofá, a aquella adolescencia, revivir lo que sentíamos con un capítulo de una de las series más icónicas de la televisión. Pero hay que aceptar dos premisas para que la película no sea un trago: 1. No tienes ya 15 años. 2. La película no es un capítulo más. ¿O sí?
Es el cierre de la historia, pero no el que suponíamos. Todo es verdad, pero nada lo es, al mismo tiempo
Aquí es donde se abre el debate: Aída y vuelta, la película que ha dirigido Paco León y que supone el retorno del elenco más popular de los últimos años (Carmen Machi al frente), sí es un capítulo, pero no el que esperábamos. Es el cierre de la historia, pero no el que suponíamos. El director le da la vuelta a la cámara y plantea una situación curiosa: Secun de la Rosa hace de sí mismo, de sí mismo cuando rodaban la serie, de su personaje y de lo que su personaje representa. Y así con el resto: todos son ellos y, a su vez, su versión cotidiana, laboral, en la ficción y en la ficción de la ficción. Todos los límites se borran: aquí se cuenta la hipotética última semana de la serie, en la que grabaron su último capítulo, y todo es verdad, pero nada lo es, al mismo tiempo.

Uno de los carteles de la película. Fuente: Mediaset
Es, sin duda, un film divertido, con un punto nostálgico. Todos queremos darle un bocado a aquel sándwich de jamón york y queso que, sobre la bandeja, reposaba en nuestras piernas del sofá. Tu hermano, a la derecha; tus padres, a la izquierda; la mascota, en la cocina. Pero el director lo tiene claro: nos propone que superemos la serie y, de paso, superemos quiénes éramos cuando la veíamos. Este reencuentro, este retorno es un ejercicio. El lema de la película era: “Esto no ocurrió jamás, pero podría haber ocurrido”. Y así ha sido: Paco León ha acertado y ha cerrado de forma genial una larga historia. No cabía otra salida: si la había, no se me ocurre. Aceptémoslo: Aída y vuelta ya es Aída y adiós. Y vale la pena.
El tráiler oficial, aquí.
¿Dónde verla? Cines.