El monte Canilo | «Ángel Hernández»

Viva Ángel Hernández. Y no haría falta decir mucho más sobre el hombre que, en 2019, ocupó las primeras páginas de los periódicos tras ayudar a morir a María José Carrasco, su mujer, que padecía una esclerosis múltiple en estado muy avanzado y deseaba terminar de la forma más digna con su sufrimiento. Fue el caso que sirvió de avanzadilla a la Ley de regulación de la eutanasia, aprobada dos años más tarde por el Congreso de los Diputados.

Conocimos a Ángel en El Intermedio (La Sexta) en aquel reportaje que conmovió a media España. Y lo recordamos la semana pasada justo cuando el programa wyomguiano cumplía veinte años, día en que Hernández reapareció para recordar lo sucedido. De ese hilo que conecta esos dos momentos hay dos imágenes que me conmovieron. En su día, me impresionó ese minuto de silencio entre que la policía —a quien avisó él mismo— llama al telefonillo y el momento en que ya aparece por la puerta de casa. Qué estará pensando este hombre, pensaba yo desde mi casa, mientras los cuerpos de seguridad subían las escaleras. El segundo momento vino el otro día, cuando Andrea Ropero le entrevistaba en un banco. Con boina colorida, se veía al protagonista descansado, tranquilo. Tranquilidad que desapareció cuando la periodista insinuó la dureza de aquellos días, y enseguida ese espasmo contenido, ese llanto que intenta abrirse. Y, de nuevo, la decencia de quien supo que lo político alcanza siempre lo personal, o sea, que lo personal es político. Imaginó Hernández en su día que tendría que pasar una noche en comisaría, que un juzgado abriría diligencias, que su nombre sería puesto en entredicho, que no tenía amparo legal, pero aún así interpuso la dignidad de Carrasco, su voluntad.

Gloria y honor al hombre que, con su gesta, tuvo un acto de amor último con su compañera que promovió un avance social. Viva Ángel Hernández.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio